SOBRE LA
CUESTIÓN DEL CONCEPTO DE ACEPTACIÓN Y OTROS TEMAS POLÉMICOS DE ACTUALIDAD ENTRE
CONDUCTISTAS (Ruiz, 2020)
Se plantea por los críticos del concepto que las
operantes ya de por si son flexibles y que todo el aparataje conceptual
derivado de la Teoría del Marco Relacional y de la ACT es un mero adorno
innecesario.
Básicamente serian innecesarios los conceptos de flexibilidad psicológica, evitación experiencial y los de aceptación-compromiso, amén de la propia teoría del marco relacional, ya que todas las relaciones de estímulos son explicadas por condicionamiento clásico/respondiente y operante.
Básicamente serian innecesarios los conceptos de flexibilidad psicológica, evitación experiencial y los de aceptación-compromiso, amén de la propia teoría del marco relacional, ya que todas las relaciones de estímulos son explicadas por condicionamiento clásico/respondiente y operante.
En resumen para los críticos más radicales, todo
el contextualismo es innecesario, y es mejor volver al análisis de la conducta
aplicado skinneriano tal cual, quizás con algunas aportaciones adicionales de
los desarrollos en investigación del condicionamiento respondiente.
Para algunos defensores de la ACT el concepto de
aceptación es solo un término verbal de
nivel intermedio (entre el lenguaje popular mentalista y los términos y principios de aprendizaje
operantes/respondientes) y para otros abarca multitud de definiciones polisémicas (empatía, tolerancia, etc.) como
las referidas en la Terapia Integral de Parejas.
Pienso que las argumentaciones anteriores son
erróneas y generan con toda la razón del mundo la leña necesaria para los
críticos.
Tampoco veo que la Teoría del Marco Relacional
nos aclare excesivamente la cuestión de que es la aceptación. De hecho el libro
de Torneke, “Aprendiendo TMR” no
tiene ni una sola entrada en su índice por
palabras del término aceptación.
Y aún menos claro está el panorama con la
diversidad de propuestas de tercera generación (ACT, FAP, DBT, IBDT, etc.) no
siempre tan coincidentes en sus elementos claves como se piensa, ya que algunas
de ellas mantienen ciertos elementos no coincidentes, como por ejemplo las
propias teorías del lenguaje skinnerianas de FAP frente a la postskinenriana de
ACT; o el concepto de vulnerabilidad biológica de la DBT para el TLP como
constructo no verificado, etc.
Sí que aparece en el libro de Villatte, Villatte
y Hayes, “Mastering the clinical conversation”, en concreto en las páginas
137-139, pero de manera indirecta, no explícita, para exponernos como el lenguaje humano se
utiliza para buscar coherencia con las propias conceptualizaciones que
mantenemos las personas y como esto nos puede llevar a buscar la razón en vez de hacer elecciones efectivas en nuestras vidas.
A esto, obviamente no son ajenos los clínicos y los investigadores científicos.
A esto, obviamente no son ajenos los clínicos y los investigadores científicos.
Parecería, a mí me lo parece al menos, que aceptar
en este contexto es abrirse a lo que dice
la experiencia, las contingencias directas de la vida y no a regular
nuestra conducta en base a los aprendizajes verbales en demasía.
Otra opción es recurrir directamente a la ACT y
que entiende por aceptación, por ejemplo
a las referencias de Hayes, Strolshal y Wilson en su libro “Terapia de
Aceptación y Compromiso”, que en su página 398 afirma: “Aceptación tal como la entendemos es la adopción voluntaria de una
postura intencionalmente abierta, receptiva, flexible y exentas de juicios en
relación al momento presente. La aceptación se apoya en la actitud de “estar
dispuesto” a entrar en contacto con las vivencias negativas o con aquellas
situaciones, acontecimientos o interacciones que tengan alguna probabilidad de desencadenarlas”.
Sin embargo, mi opinión personal, es aún más
coincidente con el argumento
filosófico del conductismo tal como lo plantea Marino Pérez; ya que no creo
que el debate se pueda limitar solo al nivel de los procesos o principios
básicos con la investigación de laboratorio. En ese nivel el debate continuará indefinidamente entre analistas de
conductas, contextuales, interconductistas, etc.
Y es en este nivel filosófico del conductismo, que no se puede reducir a RFT ni a principios del aprendizaje, donde hay que buscar también respuestas.
Y es en este nivel filosófico del conductismo, que no se puede reducir a RFT ni a principios del aprendizaje, donde hay que buscar también respuestas.
De hecho a
todos se nos olvida, a veces, que el conductismo es una filosofía. El
análisis de la conducta y la RFT son productos aplicados, diversos, de esa
filosofía. Y como filosofía tiene
afinidades fuertes con otras perspectivas como la fenomenológica y la
existencial.
En este aspecto los valores como horizonte y
dirección de la vida, aunque después se reformulen conductualmente como
reforzadores a largo plazo de tipo verbal y/o incluso como reglas-SD, estaban
ausentes del campo conductista aún para Skinner y otros analistas de la
conducta, amén de los interconductistas y
de otras corrientes conductuales
¿Qué aporta esta filosofía postskinneriana al
término de aceptación?
Por lo pronto entender al sujeto, a la persona como
gusta llamar a Marino, como agente contextualizado de su vida, sujeto operante,
sujeto precisamente a sus contingencias inmediatas, pero también, aunque sea
por contingencias sociales-verbales que
se viven como propias a la postre, por sus valores.
Con esto se introduce la cuestión existencial en el conductismo, y es ahí donde el termino aceptación adquiere todo su peso e importancia, por un lado gracias a la ACT (que a veces lo presenta como un catálogo un tanto a la americana) y por otro filosóficamente, desde esta perspectiva existencial.
Con esto se introduce la cuestión existencial en el conductismo, y es ahí donde el termino aceptación adquiere todo su peso e importancia, por un lado gracias a la ACT (que a veces lo presenta como un catálogo un tanto a la americana) y por otro filosóficamente, desde esta perspectiva existencial.
Desde la ACT, que es la referencia principal, y
no las polisemias de la DBT o la Terapia integral de pareja, la aceptación es la disposición, si se quiere como
operaciones de establecimiento, de actuar en relación a los valores aún en
presencia de contextos o estimulación con funciones aversivas, ya sea las
discrepancias de la pareja que generan malestar, ya sea experiencias privadas
verbales derivadas de otros acontecimientos de la vida.
La
filosofía conductista, y otras que le son afines, son tan necesarias como la investigación de los llamados procesos básicos. Y esto no es cuestión de opinión, basta ver
la evolución del conductismo con sus diferentes corrientes para darnos rápidamente
cuenta de que el estudio y la investigación de los llamados procesos básicos no
han unificado ni mucho menos a todos los conductistas.
Hay discrepancias en cuales son estos “procesos básicos”, por un lado con la
necesidad o no de la RFT como operante relacional, segundo porque los paradigmas
sobre la investigación del lenguaje y la
cognición como conducta no son ni mucho menos coincidentes y esto se comprueba fácilmente haciendo un
seguimiento a aquellos que estudian el tema, como por ejemplo desde la Teoría
de la Conducta de Ribes, con su propio cuerpo de investigación en curso; la injustamente olvidada tanto por el
marketing contextual en boga y los analistas de conducta, teoría del
conductismo psicológico de Staats, también con un bagaje de investigación a sus espaldas
de casi medio siglo; los propios desarrollos de la RFT en campos no solo de la
clínica sino también en otras áreas, como los cotos anteriormente exclusivos
del análisis de la conducta y sus métodos ABA en el campo educativo y del autismo,
por ejemplo.
Incluso otras perspectivas como la
socioconductistas tienen que aportar, y mucho (Carrara, Guerin, etc.).
A veces estamos sumergidos en grupos
especializados de investigación o asociaciones clínicas o universitarias y creemos estar en la élite del no va más de la investigación o los últimos
adelantos tecnológicos, sin darnos cuenta que vivimos en un mundo muy diverso que sigue adelante con sus dinámicas y perspectivas más allá de nuestros
ombligos.
Desde aquí pensamos que la investigación básica
por sí sola no va a dilucidar esto, ya que más de 100 años de diversas teorías
conductistas previas no lo dilucidaron.
Quizás el
diálogo y la cooperación entre los clínicos e investigadores de las diversas corrientes conductistas (dense
cuenta, son varias, no una) y también de un desarrollo
filosófico de base pueda ser una alternativa.
En este sentido los diálogos entre autores como Emilio Ribes y Marino Pérez son un ejemplo relevante.
En este sentido los diálogos entre autores como Emilio Ribes y Marino Pérez son un ejemplo relevante.
Sin irnos por completo por los cerros de Úbeda, donde
vivo físicamente y a veces también simbólicamente, remito a los lectores al
libro de Marino Pérez, “Las terapias de
tercera generación como terapias contextuales”, en especial para esta cuestión,
a sus páginas 176-180, donde se define a ACT (y su aceptación) como “actuar y comprometerse en la vida más allá
de uno”.
Esto parece remitir de alguna manera a una misión,
vocación o tarea en la vida que trasciende
el propio interés personal y que ya aparece en la psicología como interés
social (Adler), cooperación con otros, etc.; y aún de otras maneras, olvidadas por
la tecnocracia y el exclusivo interés científico.
Encerrarnos en nuestra perspectiva exclusiva y
pretender que el laboratorio lo va a
aclarar todo, pues parece que no está funcionando según la regla de que “la
investigación en procesos básicos y solo esto, nos va a dar luz del tema”.
Juan José Ruiz Sánchez
Úbeda, 23-2-2020

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